Voces del pasado

mayo 17, 2010 § 3 comentarios

El viernes me encontré con una nota que dejó mi ex antes de irse de casa, que no había leido hasta ahora. La dejó escrita en la primera página de un álbum de fotos, hecho con papel de cartulina, que me regaló cuando éramos novios y nos regalábamos manualidades, dibujos y poemas. Luego vino la fase de las camisas y los pijamas. Y luego la de los bombones comprados a última hora en el aeropuerto. Y luego la de la nada.

El álbum tiene fotos de nuestra primera etapa de novios… Y por eso, precisamente, nunca llegué a leer su nota. Años me costó, y toda mi fuerza de voluntad empleadas a la tarea , enterrar mis recuerdos felices en el fondo de un armario. Los ha desenterrado la casualidad y el aburrimiento de mi hija, que se ha dedicado a revolver cosas viejas.

Supongo que él pensaba que la iba a leer enseguida. O no. No lo sé. Extraña forma de pensar de los hombres. Me deja con un bebé recién nacido y una niña de dos años, y se le ocurre revisar un álbum viejo antes de recoger sus cosas y marcharse para siempre. Y quizás espera que yo haga lo mismo al llegar y enfrentarme a su ausencia… Desenterrar mis recuerdos felices y ponerme a llorar como una loca por mi amor perdido.

El caso es que no sucedió así. Mi reacción fue la contraria. Quemé todo recuerdo grato bajo toneladas de odio y celos hasta que no quedó nada. El álbum en cuestión sobrevivió por pura casualidad.

Y ahora, de repente, me encuentro con la voz de un Simón que ya no existe… que le explica las cosas desde otro punto de vista a una Pilar reducida a odio y cenizas. Una explicación que ella nunca llegó a leer. Una explicación que no explica nada, en realidad, pero en la que reconozco al Simón que me amó. Y que me abandonó porque no supo resistir la presión de la vida cotidiana y los sueños perdidos. Esos sueños que dejamos morir los dos… porque no sabíamos que el amor es tan frágil como las amapolas, que no se pueden cortar y dejar en un florero.

Cuántos errores cometidos. Toda la amargura que me persiguió durante tantos años, las noches sin dormir, el correr 42.195 km hacia ningún sitio, morir de cansancio para no poder pensar. Si hubiera leído entonces esas 7 líneas que dejó Simón ¿habrían cambiado las cosas?

Tres días me ha costado llegar a la respuesta. NO. Del pozo en el que yo caí no me hubieran sacado 7 ni 7.000 líneas.

Pero ahora las leo y siento tanta tristeza por los dos… Me da pena por el Simón y la Pilar que ya no existen y que no lograron encontrarse en la oscuridad de las pasiones fracasadas. Y me rondan por la cabeza los versos de Neruda…

“Es tan corto el amor y es tan largo el olvido”.

Les veo ahí, en las fotos, tan jóvenes y tan guapos. Tan despreocupados, tan alegres… sin intuir siquiera que 8 años de amor no son nada ante toda la eternidad del olvido.

¿Dónde estoy?

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